<< Je mets tout mon plaisir à être triste >> (Stendhal)



Y sí que es cierto, que cuanto más nos “lo ponen a huevo”, cuanto más nos mantean el suelo para hacerlo menos duro a la caída, más sospechamos.
Igual es porque nos han educado en la mentira de que las relaciones compra- y- venta son necesarias pero no debe olvidarse nunca revisar el producto para que no nos den gato por liebre.
Yo recuero a mi madre diciéndome que no aceptara caramelos de extraños porque la gente no es siempre buena de corazón y en ocasiones esa dulce felicidad no enmascara más que un amargo deseo de beneficio personal.
Lo que no consigo recordar es la parte en la que me enseñó a diferenciar qué caramelos eran honrados y qué caramelos no.
 Que las personas se miden por sus actos, ya no sólo por sus palabras, pero, y qué hacemos con los baches, la inestabilidad y las “idas de olla” que caracterizan a nuestra especie animal…? ¿Deben perdonarse los caramelos emocionalmente fluctuantes?
¿Será que no somos capaces de darnos cuenta de que, a veces, sí hay alguien ahí de quien nos podemos fiar? ¿Será que hemos visto demasiada televisión? ¿Por qué siempre bajamos al sótano cuando sabemos de antemano que es ahí donde la película llega a su fin?
¿Provocamos nosotros mismos ese deseo de insatisfacción?

3 comentarios:

Vitore 23 de enero de 2010, 23:14  

Je mets tout mon plaisir à être triste...

(Te he corregido la frase o a Stendhal, jaja)

¡Cuántas veces a lo largo de nuestra vida, sentimos cierta placer cuando nos autocompadecemos!

Y como decía el otro día Sabina, cuando eres feliz, no te sale ninguna canción, ni poema, ni nada:

“Con los desamores de otros, uno sólo tiene que escarbar en su memoria para hacerlos propios. Yo creo que las canciones de amor no existen, sino que sólo existen las canciones de desamor. Es cuando te deja la chica que haces una letra para cagarse en su puta madre y que la persiga toda su vida. Y eso el auditorio lo entiende perfectamente, porque a todo el mundo le ha dejado la chica alguna vez. Joaquín Sabina”

Rosa Fraile 27 de enero de 2010, 5:46  

yo creo que ese sentimiento insatisfactorio lo provocamos nosotros... no podemos esperar que nuestro placer o beneficio sea el del otro que tenemos enfrente (sin hablar egoístamente)

cierto vitore que también sentimos placer cuando nos autocompadecemos, así que no del todo fue banal el beneficio desarmado del otro.

Rosa Fraile 27 de enero de 2010, 5:47  

por fin... era aquí donde no podía comentar...

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