You know that I'm no good



Sólo me queda el fuego, te venderé un par de gramos si quieres probarme.
Si sientes el miedo puedo mostrarte sólo la mercancía que cuelga de los ganchos de la pared, puedo subirte ahí a ti también si es lo que quieres.
Puedo pesarte el deseo y envolvértelo entre mentiras, te garantizo la mayor inquietud.

Puedo llevarte donde quieras y amarte en la cuneta o… puedo llevarte donde quieras.
Puedo ser quien quieras que sea, puedo ser cualquiera.
Puedo acabar contigo y hacerte renacer. Verás el mundo a través de mis sentidos.
Atropellaré tus percepciones y mancharé con mi sudor tus pensamientos.
Puedo desesperar tu calma y desnudar tu ambición. Te intoxicaré de sed si me lo pides.

Puedo destrozar tus labios, puedo ensuciarte en mis besos si lo ansías.
Puedo desgarrarte, destriparte y meterme dentro de ti, hasta que me sientas, hasta que formes parte de mi sangre, hasta que te duelan las venas y maúlle tu miedo.
Puedo maltratar tu cuerpo entre muelles y chillidos, machacar tus huesos, doblar tus tibias bajo mi voluntad, enredar tu fémur en mis costillas y hacer bailar mi lengua al son de tus latidos.
Me comeré tu piel. Saborearé tu vida, romperé tu sonrisa y masticaré fuerte tus dientes, fundiré tu garganta con mis palabras, sentiré el sabor de tus pulmones y la incertidumbre de tu estómago. Me beberé los escalofríos de tu espalda, envolveré mi pasión en tus minucias. Recogeré la siembra de mi paso cuando ya no seas nadie y cuando ya no puedas nada.

Podemos hacer un pacto, un trueque, un cambio o simplemente jugar… podemos dormir en un rincón o rodar por las paredes. Podemos ser lo que me pidas.

Hoy sólo me queda el fuego, hoy soy sólo un puto animal.


Di que no vas a volver, que ahora ya no puedes, di que lo peor que has podido hacer es mostrar interés por conocerme.

Simplemente


Hoy voy a escribirte sin necesidad de contarte nada.  Porque quiero y porque el blanco resalta mis ansias, así que te escribo. Haré un cuento de relatos cortos sin final feliz, e incluso sin final. Historias abiertas, de esas que dan de hablar, como cuando sales del cine y te maravilla el mundo inventado y el que inventas y te sonrojas al darte cuenta de que no tienes los súper-poderes que te hacen no ser tú... y decides volver al mundo real con una triste sonrisa, poco precisa pero bastante acertada, que te proteja frente a cualquier otro mal momento.

 Y escribo tan solo por puro placer, porque las ideas se me agolpan tras los ojos y los hacen latir con fuerza, y mis dedos van más rápido de lo que puedo controlar, es como si intentara liberarme, y es una idea que se enzarza con otra y un sinónimo que se enreda con su contra hasta que pierde todo sentido, hasta que deshago el hilo de mi conversación personal  y me paro a leer lo que ha salido de mí, y que por lo tanto es mío, y que por ende es yo. Y me sorprendo al darme cuenta de que me hallo un sentido dentro de mi propio caos, y que si algún día, en algún preciso momento, en un exacto segundo, mi mente decidió pensar lo que pensó es porque en ese preciso momento, en ese exacto segundo yo fui yo y nada más que  yo. Y me compongo de pequeños momentos, soy mis exactos segundos y mucho tiempo perdido, pero me encuentro cuando me descubro sola y no me pienso y me dejo llevar, no cuando me busco.

Y pierdo la fuerza, se acaba el río de ideas, la púrpura de mis conexiones, se acaba la poca originalidad que pueda existir en mí, se acaba, y yo me siento agotada, porque me he esforzado en aislarme del ruido de la calle, del ruido de mi cuerpo, y no pienso, sólo leo lo que pienso. Y me agota, me canso tanto, me desespera tanto esta corriente de nerviosismo escrito que hasta que no lo vomito no me puedo dormir. Me recuesto sobre el respaldo del sofá, cierro los ojos, y pienso en lo bien que me sienta manchar con mis  letras tu  fondo blanco. Y así duermo. Simplemente vivo.

"y sufrir por la vida y por la sombra y por lo que no conocemos y apenas sospechamos"



http://www.fotolog.com/ste_peg/

Me he convertido en piedra. No sabría decirte cuando sucedió, y creo que tampoco sabría decirte cuando conseguí darme cuenta. Pero lo soy, me he convertido en piedra.

Ahora no soy más que un atisbo del muro que levanté hace tiempo y que esperaba la furia de las olas con disciplina. Ahora no soy yo. Soy sólo piedra.
Pasé de ser gris a ser perla nacarada, en contra de todo pronóstico. Ahora me reviste un halo de calma y aun así no estoy conforme. Me duele. Me pica.

Me duele ser yo, no todo lo demás. Por eso soy piedra. Porque no siento los golpes de fuera. No siento el viento ni siento la sal perforando mi caparazón y ensuciando mis entrañas. Sólo siento dentro, me siento a mí, y me duelo.

La perla del mercader


Echaba de menos sus pequeñas joyas. Hundía la mano en el cajón, entre los pañuelos de seda y no podría evitar notar la ausencia. Había hecho hueco. Había dado pie al olvido, le había abierto la puerta al adiós. Había hecho todo aquello que los expertos se afanaban por negar. No tomar grandes decisiones, no hacer grandes cambios, no vender la casa, no mudarse, no cortarse el pelo, no renovar una nueva identidad, no inventar una nueva vida.

Pero ella no era mujer de medias tintas, las mitades le sabían a poco. No sabía compartir, ni compartirse. Así que lo hizo. Dejó la taza sobre la mesa, miró la fotografía y dijo adiós.

No podía evitar pensar si había hecho bien, si ella no era una experta en grandes cataclismos ni en los “se debe/ no se debe” postraumáticos. Pensó que tampoco se necesitaba una carrera ni hacerse llamar profesional para poder dar consejos sobre el tema, pero qué demonios, no conocía a nadie que alguna vez hubiera sido capaz de seguir un buen consejo.

Rodeó la habitación con la mirada, las paredes blancas, olor a perla. Magnolias sobre el jarrón y el agua clara, bebió el Vodka de su copa, saboreó la aceituna y la mordió con fuerza. Notó el sabor explotar en su boca, le gustó la sensación de  masticar con crudeza, sin miramientos, querría ese poder para el resto de vida.

Acarició el papel de las paredes, nacarado, con toques de luz, eligió esa casa por los ventanales. La luz bañaba su rostro y jugaba con los reflejos de su pelo. Rojo, rojo pasión. Vino. Sangre.

Los muebles de estilo veneciano se amontonaban sobre el silencio. Los flecos de los sillones dibujaban sombras inquietas tintineantes bajo la luz del medio día. Los cojines olían a perfume, esponjosos y cálidos. Descanso.

El aroma a lilas embriagaba sus ideas. El tacto del algodón recorría sus sentidos. Caminó lentamente dejando que el canto de la nada acariciara sus sentidos. Paz, sentía paz, cerraba los ojos y veía luz, blanco, claridad, suave, nada, sin ideas, sin ira, solo armonía, tranquilidad, el bienestar que su cerebro le pedía a gritos entre tazas de café y vestidos de traje. Podía notar el pañuelo de su cuello ondear bajo la suave brisa que se colaba bajo el blanco de la puerta. Podía saborear la calma, los músculos de su cara dibujaban afables una sonrisa, muy despacio, paladeando el momento, despacio, despacito. Entendió por fin que eso, esa sensación, esa calma que precede a la tempestad, eso que hay antes que el miedo, eso que hay antes de que el pavor inunde tu mente y recorra tu espalda, eso, esa calma, eso blanco, ese momento, eso era la felicidad. Se sintió vacía, tan vacía que perdió sus sentimientos, lo había perdido todo, no era nada. Vacía. Estaba vacía. Y por fin podía volver a llenarse.

Temblores


Cómo te explico que creo haber puesto en peligro el mundo que aun no conocemos, que el miedo me agarra fuerte de los tobillos y me hunde poco a poco en la vergüenza del temblor que he creado sin querer, que poquito a poco se derrumban las esperanzas de las estanterías que colocaste a base de ilusiones y que me dejaste llenar con deseos encuadernados de estrés y futuro a tapa dura, para conservar el molde y evitar que el paso del tiempo corroa a musgo lento las letras que quisiste escribirme cuando la distancia dormía entre nosotros.
Cómo te explico que no entiendo cómo he podido desestabilizar las raíces de algo que ni siquiera tenía un nombre, de algo que se alimentaba de nuestras entrañas y del deseo de compartirnos lentamente y día a día… cómo te pido perdón por algo que he creado sin más, de la nada, de la nada a la que temo se convierta nuestro todo.

Cómo te digo que no me lo merezco, que eso no soy yo... que ahora no sé quién soy, y no sé qué tengo. Pero sé lo que quiero, y lo quiero contigo.

Quiero todo lo que me ofreces.

I know that spitting is a bad habit, but i can't help the taste...

I know that spitting is a bad habit, but i can't help the taste...

Que yo soy de leer cosas raras, y de escribir cosas aun peores...


Tú dices... yo imagino

Seguidores